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Los textos que presentamos a continuación nos son enviados por diversos autores.
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SUBIR Subo. Sé que subo porque hasta ayer bajaba y ahora voy en sentido contrario. Ahora me doy cuenta que subo. Subo por una pendiente atroz y tan empinada que por momentos pareciera que no podré sostenerme por mucho tiempo más. Más que subir, trepo. Trepo por lugares imposibles que antes me estaban vedados: trepo por las sillas las mesas las plantas las puertas las camas, por las paredes, por las manos, por los brazos, por las bocas, por las orejas, por las ventanas abiertas o cerradas, por las escaleras que sólo sirven para bajar. Por una de esas escaleras subo. Con los pies cansados, pesados, y con los brazos a los costados del cuerpo como si fueran de plomo. Subo: lento, despacio, muy despacio, sopesando el filo en la mano derecha. Llego. Abro la puerta y ella está allí, durmiendo. Me acerco. A pesar de ser todo tan fuerte no hay ruido, no existe el ruido. Con la mano izquierda le detengo el viento de la cabellera y apenas abre los ojos y la boca. Levanto el filo, y antes de que pueda oler las palabras le degüello la sonrisa. Quedo allí, viscoso y abandonado. subiendo hacia el fondo del abismo invertido.
Héctor Urlacher
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